La rabia y la impotencia como impulsoras de cambio en tu vida

Un amigo me contó lo inhumana que fue su experiencia en la sala de espera y me dio muchísima rabia.

 

Un señor me tropezó muy fuerte con su hombro y me lanzó un insulto como si había sido yo quien se cambió de canal para bajar por la vía de subida. 

 

Otro señor le gritaba a sus hijos brusca y brutalmente, como si los niños aprendieran de esa forma, como si era él el único presente en el restaurante. 

 

Una cuenta en Instagram hizo un montaje de video con la intención de hacer creer algo que era visiblemente falso.

 

Un inmigrante de Siria llevaba a sus dos hijos amarrados a sus brazos mientras les obligaba a pedir dinero en la fila de los carros. 

 

Una pareja de mendigos utilizaban a su bebé recien nacido para ocasionar lástima y pedir dinero que luego utilizarían en drogas y alcohol.

 

Una gente habla mal de los franceses mientras disfrutan sin medidas del sistema francés.

 

Me prometió enviar su propuesta hace más de dos semanas y, hasta ahora, no lo ha hecho.

 

Algunos de mis compatriotas venezolanos creen que vivir en Venezuela es una discapacidad.

 

Personas sufren en silencio por algo a lo que yo les puedo ayudar a encontrar solución.

 

Las anteriores son pequeñas acumulaciones de rabia que explotaron un día, justo cuando la chica de la tintorería me anunció que habían extraviado mi ropa.

 

Porque... el mundo y sus cosas. A veces quisiera controlarlo, pues me da impotencia tener herramientas para mejorar vidas y ver que hay personas cuyas vidas están lejos de estar mejor; pero luego recuerdo que no puedo y comienzo a controlarme a mí.

 

La rabia y la impotencia han matado gente y separado relaciones, pero también han salvado y mejorado muchas vidas. Instintivamente las escondemos, y también las escupimos al mundo para jactarnos de lo horroroso que lo están haciendo los otros (o, en su defecto, de lo horroroso que nos va) pero, en cualquiera de esos casos, hay un punto medio.

 

No se trata de evitar sentir rabia, frustración, miedo o impotencia, ni de despilfarrarlas; se trata de hacer algo productivo ––en nuestra vida–– con todas esas emociones. En mi caso, cuando estoy en presencia de ellas, en lugar de evadirlas, maquillarlas o tragármelas, hago algo mejor. 

 

Si este es tu caso, hoy quiero mostrarte cuatro pasos que harán de ti una persona más inteligente y responsable, al menos, emocionalmente. Es posible que estos pasos den nacimiento a algo grande y nuevo en tu vida así que ¡toma nota!

 

 

1) Siente todas tus emociones

No busques oprimir ninguna emoción, pues igual terminarán saliendo por los lugares menos agradables. Emociones como la rabia y la impotencia han de ser igual de bienvenidas que la felicidad, la tristeza y la alegría, ¿vale? De hecho, tu rabia e impotencia te advierten de que algo está mal. Te recomiendo tomar mi programa ¿Cómo te quieres sentir? para potenciar tu inteligencia emocional. Encuéntralo aquí.

 

2) Busca tu grado de responsabilidad

Tus emociones no se instalaron allí solas, tú las estás generando de forma consciente o inconsciente dentro de ti. No se trata de culparte por ellas si no son experiencias agradable, se trata de aprender a conocerte y llevar una buena relación dentro de ti. Sé responsable, aunque lo más fácil sea decir que es culpa de otros en el mundo, por favor, no cedas tu poder.

 

 

 La rabia y la impotencia 

 como impulsoras de cambio 

 en tu vida 

— por @RandyCoaching

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3) Utiliza tus emociones para tu beneficio

Una carga de impotencia y rabia te puede dar la energía necesaria para valorarte y respetarte, para tomar una decisión importante y hasta para comprometerte mucho más con tu bienestar. ¡No te destruyas por estar teniendo emociones que no te gustan! Varios estudios científicos han indicado que nuestras emociones desagradables pueden llegar a ser motivadoras y tener la capacidad de hacernos sentir mejor, más confiados y optimistas. 

 

4) Actúa en el momento

No es sano esconder nuestras emociones, ni mucho menos el postergar sentirlas. Sean agradables o no, en la medida de lo posible, busca actuar cuando antes. Si tu rabia o impotencia proviene de alguien cercano y cuyo comportamiento podría estar afectándote, esconderlo no hará que cambie la situación. ¡Exterioriza tus emociones en un lugar seguro! Cuando escondemos nuestras emociones las vamos acumulando, en conjunto con las emociones inconscientes que tenemos y no sabemos, luego corremos el riesgo de volvernos robots, o seres humanos llenos de frustraciones y emociones desatendidas.

 

 

Las personas tienden a desconocer los beneficios de la rabia y la impotencia. Muchas creen que no es bueno sentirlas pero, utilizadas eficientemente, estas emociones pueden resultar poderosas en nuestras vidas. Utilizadas irresponsablemente, pueden crear más de lo que hoy estamos viviendo.

 

Creo que tus emociones incómodas son la indicación de que el cambio quiere nacer en tu vida. Confío en que si las atiendes, algo nuevo y poderoso podrá nacer de ti.

 

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Por tu magia,

 

Randy

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